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Ayudar: una conducta positiva y universal

  • Foto del escritor: Redacción Qhali
    Redacción Qhali
  • 10 mar
  • 3 Min. de lectura
  • Ayudar está mucho más extendido en el reino animal de lo que se creía.

Ser humano, chimpancé, perro y ratón
FUENTE: Composición / Diario Qhali

Ayudar es una acción presente en la vida cotidiana, y muchas veces no lo notamos. Desde comprar comida para la familia, abrirle la puerta a alguien hasta informar a través de la escritura y hablarnos a nosotros mismos para reducir nuestros niveles de estrés, todas estas son formas de asistencia.


Se trata, entonces, de una conducta social que beneficia tanto a quien la ejerce como a los demás. Existen diversas maneras de hacerlo. Sin embargo, en todo proceso de ayuda, hay dos factores clave: identificar el problema y contar con la disposición para intervenir.


Aunque se ha demostrado que la cooperación no es exclusiva de los seres humanos y que muchas especies animales también colaboran entre sí, persiste la idea errónea de que ayudar es un rasgo únicamente humano.


Por lo tanto, ampliemos nuestros horizontes.


Humanos: “Entiendo y estoy dispuesto”


Seres humanos
FUENTE: Eucalyp

Los niños ayudan de manera natural. Así lo demostró en 2006 Felix Warneken, profesor asociado de psicología en la Universidad de Harvard, a través de sus estudios sobre los “bebés serviciales”. Sus experimentos revelaron que, incluso antes de caminar, niños de un año y medio recogían espontáneamente un lápiz que se le caía a un adulto o abrían la puerta de un armario cuando este tenía las manos ocupadas.


Lo más llamativo es que esta conducta no se limitaba a familiares o personas cercanas, sino que también ocurría con desconocidos. Esto sugiere que, desde temprana edad, los niños pueden identificar un problema y actuar para ayudar, sin necesidad de recibir instrucciones o recompensas.


Chimpancés: “Entiendo, pero puedo no estar dispuesto”


Chimpancé
FUENTE: Freepik

Lo mismo ocurre con los chimpancés: también se ayudan entre sí. Los experimentos han demostrado que abren puertas para otros miembros de su grupo y colaboran para conseguir comida o herramientas.


Sin embargo, su disposición a ayudar cambia cuando se trata de humanos. Un estudio reveló que, si bien aceptaban la ayuda de una persona para obtener alimento, no mostraban la misma voluntad cuando el humano necesitaba una herramienta para acceder a una recompensa. Es decir, aunque comprendían el problema, su motivación para colaborar desaparecía.


Perros: “No entiendo, pero casi siempre estoy dispuesto”


Perro
FUENTE: Freepik

Con los perros ocurre lo contrario. A diferencia de los chimpancés, tienen una gran motivación para complacer a los demás, pero a menudo no comprenden el problema.


Juliane Bräuer, directora del laboratorio de estudios caninos del Instituto Max Planck de Geoantropología en Alemania, ha investigado de cerca la cognición en perros y su relación con la domesticación. En uno de sus experimentos, diseñó una prueba para evaluar si lo perros podían entender un problema humano lo suficiente bien como para ayudar a resolverlo. La tarea consistía en presionar un botón en el suelo para abrir una puerta de plexiglás, permitiendo que una persona ingresara y tomara una llave.


El resultado fue revelador: los perros solo ayudaban cuando el humano los alertaba con palabras, sin importar si recibían una recompensa. Abrían la puerta una y otra vez, repitiendo la acción incansablemente. Sin embargo, si el humano no expresaba interés en la llave, los perros no intervenían. Estudios recientes refuerzan esta idea: aunque los perros tienen una gran disposición para ayudar, su comprensión de la situación depende de señales evidentes para el animal.


Entonces, niños, chimpancés y perros ayudan. Pero no son los únicos. Un nuevo estudio sugiere que hay alguien más.


Ratones: “Listos para ayudar”


Ratón
FUENTE: Freepik

Un experimento reveló que los ratones también muestran conductas de ayuda cuando se encuentran con compañeros inmóviles, inconscientes o muertos, siempre que les resulten familiares. En esas situaciones, los ratones se acercaban, los olfateaban e incluso les lamían el pelaje. Sin embargo, su atención se centraba en la cara, la garganta, los ojos y la boca. En más de la mitad de los ensayos, los roedores llegaron a sacar la lengua de sus compañeros inconscientes para ensanchar sus vías respiratorias, y si había un objeto obstruyendo la boca, lo retiraban.


Lo más sorprendente es que esta ayuda resultó efectiva. Los ratones anestesiados que recibieron atención recuperaron la conciencia más rápido que aquellos que no fueron asistidos por sus congéneres. Y tan pronto como se recuperaban, los ratones cuidadores dejaban de prestarles atención, lo que sugiere que solo intervenían cuando era necesario.


“Independientemente de si los ratones que ayudan entienden o no lo que están haciendo, es evidente que ayudar no es algo exclusivo de los humanos está más extendido en el reino animal de lo que se creía anteriormente”, concluyó Bräuer.

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