Construir en lugar de destruir
- Lorena Said
- 17 mar
- 3 Min. de lectura
Una reflexión sobre los malos hábitos y cómo es tan fácil caer en ellos.

¿Alguna vez te has dado cuenta de lo fácil que es empezar a fumar, comer frituras, faltar al trabajo o simplemente abandonar tus responsabilidades? La tentación de caer en malos hábitos es tan simple como un mal paso. Decidir probar algo "malo" puede ser instantáneo. Un cigarro, un trozo de pizza, un día sin ejercicio... todo parece tan sencillo, casi irresistible. Pero cuando piensas en las consecuencias, te das cuenta de que lo realmente difícil no es ceder a esas tentaciones, sino cambiar el curso y tomar decisiones con principios.
Nosotros, como seres humanos, tendemos a buscar lo fácil, lo que nos satisface en el momento, sin pensar en el futuro. Empezar a fumar es tan sencillo que en muchas ocasiones ni siquiera lo pensamos. Un cigarro, un impulso, y ya está. Comer frituras o saltarnos la rutina de ejercicio también son decisiones que no requieren mucho esfuerzo. Al principio, todo parece tan fácil, ¿verdad?
Pero ¿por qué cambiar estas costumbres es tan difícil? Porque construir buenos hábitos lleva tiempo, esfuerzo y, sobre todo, una constante disciplina. Levantarse temprano para ir al trabajo o estudiar para sacar buenas notas no es sencillo. A veces, el cansancio, la falta de motivación o las distracciones nos ponen a prueba y lo mismo ocurre con el ejercicio: no solo es difícil empezar a hacerlo, sino que luego de un buen entrenamiento, esas piernas doloridas, esos brazos cansados, nos hacen preguntarnos si valió la pena; claro que sí, porque la clave está en la constancia.
De igual forma, dejar de fumar no es fácil. La ansiedad que nos consume cuando estamos intentando abandonar algo tan adictivo es abrumadora. Pero si logramos superarla, si tenemos la fuerza de voluntad para mantenernos firmes, la recompensa es aún mayor. Cada día que pasamos sin fumar, cada jornada sin caer en la tentación, nos acerca a un nosotros más fuertes y más saludables.
Lo fácil, al final, es ceder; lo difícil es mantenernos firmes ante las pruebas, ante la tentación, ante las circunstancias que nos quieren hacer retroceder, pero todo eso dependerá de algo fundamental: nuestros principios. Si nuestros valores son sólidos, si nuestra mentalidad está bien construida, entonces resistir las tentaciones será más sencillo, porque nos hemos preparado para ser más fuertes.
¿Es cierto que las cosas buenas cuestan? Claro que sí. Y a veces no solo cuestan, sino que son extremadamente difíciles de alcanzar, pero esa dificultad es lo que les da valor. Es fácil destruir lo que nos ha costado tan poco construir, pero si te preparas con principios fuertes, si te esfuerzas en construir algo sólido, entonces las tentaciones no tendrán el poder de destruirlo.
Por eso, lo importante no es solo construir, sino construir de manera fuerte, consistente y con inteligencia. Si quieres ser una persona con valores, con una mentalidad fuerte y capaz de resistir lo que venga, entonces comienza hoy mismo a fortalecer tus principios, tu cuerpo, tu mente. No se trata solo de ir al gimnasio, sino de integrar el ejercicio a tu vida diaria, no tienes que ser un experto, pero puedes empezar con pequeñas acciones: caminar todos los días, practicar algún deporte, cuidar tu alimentación. Y lo mismo aplica a tus principios. No basta con decir que tienes valores, hay que vivir de acuerdo a ellos todos los días.
Porque, si construimos de manera firme y constante, aunque algo se destruya en el camino, lo que hemos construido será lo suficientemente fuerte como para resistir. Y si algún día enfrentamos la tentación de destruir, lo haremos con menos fuerza, porque lo que hemos edificado con esfuerzo será lo que prevalezca.
Así que, ¿por qué conformarse con lo fácil? Construir con principios sólidos, con constancia, es lo que realmente nos llevará a lograr hábitos. No busques lo que se destruye fácilmente, busca lo que te hará más fuerte, lo que resistirá el paso del tiempo. Y cuando llegue el momento de la prueba, te darás cuenta de que el esfuerzo invertido en construir siempre valió la pena.
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