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Cooperación en los entornos virtuales: la clave para derribar los prejuicios

  • Foto del escritor: Redacción Qhali
    Redacción Qhali
  • 10 mar
  • 4 Min. de lectura
  • La cooperación en la realidad virtual fortalece la “identidad cibernética común” y reduce los sesgos implícitos.

Mundo de Minecraft
Los videojuegos multijugador no solo ofrecen entretenimiento, sino que también crean espacios para la interacción entre personas. A través del chat de voz y escrito, señales informativas y emoticonos, los jugadores pueden comunicarse y colaborar. Sin embargo, para que estas relaciones se consoliden, es clave que el videojuego fomente dinámicas de trabajo en equipo. FUENTE: Microsoft / Minecraft Legends

Siempre se ha destacado la importancia del contacto presencial para fortalecer el diálogo, derribar prejuicios y reducir la discriminación. Pero, ¿qué sucede cuando estas interacciones ocurren en un mundo virtual, donde en lugar de personas hay avatares?


Matilde Tassirani, investigadora de la Universidad de Helsinki, Finlandia, explica que esta interrogante llevó a varios expertos a desarrollar un nuevo concepto: la “identidad cibernética común”. Pero ¿en qué consiste? Tassirani lo explora en su estudio.


La identidad cibernética común


La especialista explica que la identidad cibernética común se refiere a un sentimiento de pertenencia dentro de un entorno virtual. A diferencia de las identidades basadas en la raza, el género o la nacionalidad, fuertemente enraizadas en la vida real, la identidad cibernética se construye a partir de la experiencia colectiva de formar parte de una comunidad digital.


“Cuando los usuarios encarnan avatares en la realidad virtual, los marcadores que normalmente nos dividen en el mundo real, como el color de la piel o el origen cultural, pueden desvanecerse y dar lugar a una identidad virtual compartida”, relató.

Poniendo a prueba la identidad cibernética común


En un estudio reciente, Tassirani investigó cómo el desarrollo de la identidad cibernética común en la realidad virtual puede ayudar a reducir los prejuicios. Para ello, pidió a los participantes que ingresaran a un entorno virtual donde interactuaron con avatares tanto de su propio grupo étnico como de otros grupos.


“El experimento se diseñó para comprobar si estas interacciones, cuando se planteaban de forma cooperativa, es decir, trabajando juntos para alcanzar un objetivo compartido, podían fortalecer una identidad cibernética. Por eso, medimos en qué medida los participantes sentían que pertenecían al mismo grupo virtual a pesar de las diferencias, y los resultados fueron interesantes”, sostuvo.

Lo que se halló


HALLAZGOS

DECRIPCIÓN

La identidad cibernética común surge cuando las personas cooperan entre sí.

Los participantes del estudio informaron que sentían una conexión y unidad con sus compañeros de equipo virtuales, sin importar si pertenecían a su mismo grupo étnico.

Las personas tienden a tener actitudes más positivas cuando comparten una identidad común.

La percepción de los participantes sobre quienes no pertenecían a su grupo mejoró. En particular, se redujeron los prejuicios automáticos que podían tener hacia ellos. Esto sucedió en un entorno virtual, sin interacción real, lo que demuestra que compartir una identidad digital influye en la manera en que vemos a los demás.


¿Qué se puede hacer con lo hallado?


Tassirani señala que la identidad cibernética no solo ayuda a reducir prejuicios dentro de los mundos virtuales, sino también en la vida real. Por ello, destaca la importancia de fomentar espacios de encuentro en el entorno digital y explorar cómo estas interacciones pueden contribuir al bienestar social.


“La realidad virtual puede 'nivelar' el juego, reduciendo la influencia de las jerarquías y los prejuicios tradicionales. Al centrarse en la identidad cibernética común, los entornos virtuales pueden transformarse en espacios donde los usuarios colaboren en igualdad de condiciones, fomentando el entendimiento”, sugirió. “De hecho, estos hallazgos resaltan la importancia de diseñar experiencias virtuales orientadas a la cooperación. Las tareas colaborativas y los juegos en equipo pueden desarrollar una identidad cibernética común, promoviendo la unidad en lugar de la división”. 

Little Big Planet
Según Juan Ignacio López, docente del Departamento de Psicología de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), los jugadores parecen adquirir importantes habilidades prosociales cuando se involucran en juegos diseñados para recompensar la cooperación efectiva, el apoyo y los comportamientos de ayuda, además de formar amistades significativas que pueden trascender la virtualidad. FUENTE: Sony / Little Big Planet

Sin embargo, aunque la identidad cibernética común puede tener efectos positivos en los usuarios, aún existen desafíos por abordar.


¿Qué desafíos existen en los entornos virtuales y cómo podemos aprovecharlos?


Tassirani señala que no todas las interacciones virtuales conducen a la unidad. De hecho, los entornos mal diseñados pueden volverse tóxicos y generar efectos contraproducentes en quienes ingresan a comunidades virtuales.


“Por ejemplo, si los participantes de distintos grupos sociales son ubicados en roles que fomentan el conflicto y la competencia constante en lugar de la cooperación, la identidad común puede erosionarse, reforzando estereotipos en vez de desmantelarlos”, concluyó. “Por eso, el impacto de las comunidades y servidores multijugadores no solo radica en la inmersión que ofrecen, sino en su capacidad para influir en la manera en que nos relacionamos. Aunque parezca sorprendente, la identidad cibernética común puede desempeñar un papel clave en la construcción de sociedades más equitativas y cohesionadas”.

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