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Dengue y cambio climático: un vínculo que no se puede ignorar

  • Foto del escritor: Juan Diego Llamoca Zárate
    Juan Diego Llamoca Zárate
  • 15 ene
  • 6 Min. de lectura
  • Las cifras del dengue empiezan a registrarse en 2025, y el cambio climático y un sistema de salud débil dibujan un panorama desolador.

Fachada del local del Ministerio de Salud
Diversas organizaciones médicas alrededor del mundo afirman que existen cuatro serotipos del virus del dengue, todos los cuales pueden causar la enfermedad. Una infección previa con un serotipo del dengue es un factor de riesgo para desarrollar dengue severo en infecciones posteriores. FOTO: Minsa


Según el Ministerio de Salud (MINSA), se confirmaron 1314 casos de dengue a nivel nacional en lo que va del 2025. Solo el año pasado, el país alcanzó un récord histórico en contagios por dengue, con 280 726 casos confirmados y 262 fallecidos. Durante ese período, Perú se posicionó como el país con el mayor número de casos en América Latina, junto a Brasil, Paraguay, Colombia, México y Nicaragua.


A inicios de este año, las regiones más afectadas son San Martín y Loreto, que cuentan con 422 y 335 casos confirmados, respectivamente. Le sigue Piura, por falta de acceso al agua potable y condiciones atmosféricas favorables al mosquito transmisor del dengue. Una vez más, el calentamiento global, producto del cambio climático, desempeña un rol protagónico en el escenario.


Cambio climático: lo que sabemos y lo que genera


El clima del planeta ha cambiado a lo largo de su historia. Según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por su sigla en inglés), en los últimos 800.000 años, se han registrado ocho ciclos de glaciales y períodos cálidos, los cuales se atribuyen a variaciones en la órbita terrestre relacionadas con la cantidad de energía solar que llega al planeta.


Aunque la Tierra atraviesa actualmente uno de esos periodos cálidos, los especialistas advierten que la tendencia al calentamiento muestra un aumento sostenido y sin precedentes en comparación con ciclos anteriores. 


“Los núcleos de hielo extraídos de Groenlandia, la Antártida y los glaciares de las montañas tropicales demuestran que el clima de la Tierra responde a los cambios en los niveles de gases de efecto invernadero”, explica Owen Gaffney, investigador del Centro de Resiliencia de Estocolmo. “Evidencias similares se encuentran en los anillos de los árboles, arrecifes de coral y las capas de rocas sedimentarias. Este registro del pasado, conocido como paleoclima, revela que el calentamiento actual ocurre 10 veces más rápido que la tasa promedio posterior a una edad de hielo.
Núcleo de hielo con una capa de ceniza volcánica
Los especialistas afirman que los glaciares se forman a lo largo del tiempo cuando se acumulan capas de nieve una sobre otra. Así, se crea un registro de las condiciones climáticas de forma vertical. El anillo oscuro de este núcleo de hielo de la Antártida es una capa de ceniza volcánica que se depositó sobre el hielo hace aproximadamente 21.000 años. FOTO: Heidi Roop

A mediados del siglo XIX, varios científicos demostraron que el dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero, retiene el calor de la superficie terrestre de forma natural. Este proceso, sostienen los expertos, contribuye a estabilizar la temperatura de la atmósfera: sin él, la temperatura promedio de la Tierra alcanzaría unos 33 grados centígrados más baja.


Sin embargo, en el último siglo, diversas investigaciones demostraron que los seres humanos han emitido cantidades mucho mayores de dióxido de carbono a la atmósfera, principalmente a través de la quema de combustibles fósiles. Como resultado, el dióxido de carbono ha aumentado y atrapado más calor del que debería, provocando un incremento de las temperaturas, como lo señalan diversos especialistas del clima.

 

Nivel de dióxido de carbono en la atmósfera a través de miles de años antes de hoy
Esta representación, basada en material obtenido de núcleos de hielo y otras tipo de mediciones, evidencian que el CO2 atmosférico ha aumentado desde la Revolución Industrial. Debido al abrupto crecimiento actual de este gas de efecto invernadero en la representación estadística, diversos investigadores bautizaron el cuadro como “palo de golf”. ILUSTRACIÓN: Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés)
“El retroceso de los glaciares y las capas de hielo, el cambio en los rangos geográficos de plantas y animales, el aumento del nivel del mar y la prolongación e intensificación de las olas de calor son algunos de los efectos observados”, concluye el sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés). “Algunos fenómenos, como las sequías, los incendios forestales y las lluvias extremas, están ocurriendo más rápido de lo que los científicos habían anticipado. Los seres humanos nunca habían presenciado estos cambios tan abruptos en el clima global a lo largo de su existencia.

Cambio climático y dengue: lo que dice la ciencia


Según los expertos, el clima puede influir en la transmisión, expansión y reaparición de enfermedades transmitidas por vectores. Afirman que estos agentes biológicos, generalmente insectos, transmiten patógenos infecciosos de un huésped infectado a un ser humano sano. En el caso del dengue, el vector principal es el mosquito Aedes aegipty.


“Dado que estos animales son ectotermos, es decir, que dependen principalmente de fuentes externas de calor, se espera que el aumento de la temperatura causado por el cambio climático favorezca su abundancia, supervivencia y actividad de alimentación”, advierten Joacim Rocklöv y Robert Dubrow, epidemiólogos del Heidelberg Institute of Global Health y de la Yale School of Public Health, respectivamente. “Sin embargo, la relación entre temperatura y supervivencia de estos vectores es compleja. Por ejemplo, en condiciones de laboratorio, la supervivencia del Aedes aegypti desde huevo hasta adulto aumentó un 90% a 20 °C de temperatura, pero descendió en un 60% al acercarse a los 35 °C.

La complejidad de estos casos también se refleja en la relación entre precipitaciones y abundancia de vectores del dengue, como lo demuestran las investigaciones. Un estudio comprobó que el aumento de las lluvias podría generar más sitios de cría para estas especies, pero una sequía también podría aumentar estos espacios debido al uso de recipientes para recolectar y almacenar agua de lluvia, que son criadores ideales para el Aedes aegypti.


Aedes aegyptis, mosquito transmisor del dengue
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dengue es una de las diez principales amenazas para la salud global y la enfermedad transmitida por mosquitos de propagación más rápida en el mundo. En los últimos 50 años, numerosos estudios han advertido que la incidencia global ha aumentado 30 veces, y que el dengue grave es una de las principales causas de enfermedad severa y muerte en algunos países de Asia y América Latina. FOTO: Muhammad Mahdi Karim
“Aun así, según las evidencias recolectadas hasta el momento, el rango geográfico del Aedes aegypti se detiene con temperaturas ambientales más frías”, aseguran Rocklöv y Dubrow. “Por eso, a medida que el planeta se calienta, surgen preocupaciones sobre la expansión del mosquito y el virus hacia latitudes y altitudes más altas, así como por el aumento de la incidencia y la extensión de la temporada de transmisión en las áreas donde el mosquito ya habita

El cambio climático y mala gobernanza: una combinación problemática


Como se ha demostrado, el clima es un factor crítico para determinar la presencia de enfermedades como el dengue. Sin embargo, se ha concluido que existen muchos factores no climáticos que determinan si una enfermedad transmitida por vectores se encuentra en una zona geográfica, entre ellos la sociodemografía (el desarrollo económico) y el sistema de salud pública (control de vectores y otras intervenciones llevadas a cabo por los gobiernos).


Al respecto, hay serios motivos de preocupación. Para los expertos, el cambio climático puede empeorar el problema si las medidas de control de vectores y otros esfuerzos de salud pública en un país son escasos, ya sea por falta de voluntad política o desinterés. Además, advierten que los modelos climáticos ya proyectan una expansión sustancial de la enfermedad en las regiones que albergan un clima adecuado para los mosquitos.


“Es necesario intensificar los esfuerzos de prevención, incluyendo el control de vectores, el diagnóstico y tratamiento temprano de enfermedades y la vacunación”, concluyen Rocklöv y Dubrow. “Pero eso no basta: la mejora de los sistemas de agua y saneamiento, la reducción de las islas de calor urbanas y otras intervenciones, forman parte de una solución integral y sostenible”.

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