El intestino y el autismo: ¿puede la microbiota influir en el neurodesarrollo?
- Michael Bejarano
- 25 feb
- 3 Min. de lectura
Un vínculo inesperado entre el cerebro y el intestino.

Durante años, el autismo ha sido estudiado desde una perspectiva neurobiológica y genética. Sin embargo, en los últimos tiempos, la ciencia ha revelado un actor inesperado en esta ecuación: la microbiota intestinal. Investigaciones recientes sugieren que los microorganismos que habitan en nuestro intestino podrían jugar un papel clave en el desarrollo y la manifestación de los síntomas del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
El concepto de eje intestino-cerebro ha cobrado relevancia en la comunidad científica, ya que se ha demostrado que existe una comunicación bidireccional entre estos dos órganos. A través de señales químicas y neuronales, la microbiota puede influir en el funcionamiento del cerebro, afectando desde la producción de neurotransmisores hasta la respuesta inmune.
Microbiota alterada en niños con autismo
Varios estudios han encontrado diferencias significativas en la composición de la microbiota de niños con TEA en comparación con niños neurotípicos. En particular, se ha identificado una mayor presencia de bacterias como Clostridium, Bacteroides y Candida albicans, mientras que microorganismos beneficiosos como Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii aparecen en menor cantidad.
Estas alteraciones podrían estar relacionadas con problemas gastrointestinales frecuentes en niños con autismo, como estreñimiento, diarrea y dolor abdominal. Pero más allá del malestar digestivo, la microbiota desbalanceada también puede contribuir a la inflamación crónica y la disrupción de la barrera intestinal, permitiendo que toxinas y compuestos inflamatorios lleguen al cerebro y afecten su desarrollo.
El papel de los metabolitos bacterianos en la conducta autista
Uno de los hallazgos más sorprendentes de la investigación en este campo es la capacidad de ciertas bacterias intestinales para producir sustancias que pueden influir en la función cerebral. Un ejemplo clave es el ácido propiónico, un metabolito producido por Clostridium y Bacteroides, que se ha relacionado con alteraciones en la conducta y la comunicación social en modelos animales de autismo.
Asimismo, la microbiota puede afectar la producción de neurotransmisores esenciales como la serotonina y el GABA, que regulan el estado de ánimo y la respuesta al estrés. Se ha observado que los niños con TEA presentan niveles alterados de estos compuestos, lo que podría estar asociado con la disbiosis intestinal.
¿Puede la microbiota ser una clave terapéutica?
Ante estos descubrimientos, los científicos han comenzado a explorar nuevas estrategias para restaurar el equilibrio de la microbiota en niños con autismo. Entre las opciones más prometedoras se encuentran:
Probióticos y prebióticos: Suplementos diseñados para mejorar la composición de la microbiota intestinal. Algunas investigaciones han mostrado mejoras en la función cognitiva y la reducción de síntomas gastrointestinales con su uso.
Microbiota Transfer Therapy (MTT): Un procedimiento similar a un trasplante de microbiota fecal, que ha demostrado mejorar tanto los síntomas digestivos como conductuales en niños con TEA.
Dieta especializada: Algunas dietas, como la libre de gluten y caseína, podrían influir en la microbiota y reducir la inflamación intestinal en personas con autismo.
Un nuevo horizonte en la investigación del autismo
Si bien aún queda mucho por investigar, los estudios sobre la relación entre microbiota y autismo están abriendo un nuevo panorama en la comprensión de este trastorno.
La posibilidad de que el tratamiento del intestino pueda aliviar los síntomas del TEA plantea un enfoque innovador y esperanzador para muchas familias.
El intestino, a menudo considerado un "segundo cerebro", podría tener la clave para entender mejor el autismo y, quizás, mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
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