El cielo y las emociones: la conexión que puede cambiar tu vida
- Redacción Qhali
- 28 feb
- 3 Min. de lectura
El asombro es la clave por la que observar el cielo tiene efectos positivos en la salud.

Mirar el cielo para sanar. Desde siempre se ha mirado el cielo, y sí, eso ha ocurrido y ha surgido de un propósito. Muchos miraron el cielo para observar el movimiento de las estrellas, pero también para crear arte, pero de lo que poco se tiene conciencia es que mirar el cielo genera asombro, una emoción que, según la ciencia, relaja el cuerpo y la mente.
Desde siempre miramos arriba
¿Por qué miramos el cielo?
“El cielo, independientemente del acercamiento a través de la Astronomía, siempre motiva, impacta, hace pensar y emociona. A lo largo de la historia de la humanidad eso canalizó de muchas maneras diferentes: puedes hacer arte, literatura o, en la búsqueda por saber más, hacerte preguntas y transformar eso en una disciplina científica”, declaró Néstor Camino, investigador independiente de la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”.
Así, el pueblo sechín, hace 500 y 200 años antes de nuestra era, construyó Chankillo, el observatorio solar más antiguo de América, en la provincia costera de Casma, Áncash, al norte de Lima. La ubicación estratégica de la construcción permitía a los habitantes de Chankillo señalar con exactitud los solsticios y los equinoccios, así como los cambios de estación y los movimientos del sol.

Sin embargo, la observación del cielo también inspiró a Vincent van Gogh para producir la obra que se convertiría en la referente de su propuesta artística: La noche estrellada. “Todos los días y a cada rato, Van Gogh observaba la calle, la gente, el paisaje desde esa habitación. También el cielo, el día y la noche”, se lee en una nota del medio Infobae.
Pero lo que posiblemente todos experimentaron al ver el cielo fue la emoción del asombro.
Mirar para sanar
Según Dacher Keltner, psicólogo de la Universidad de California, esta emoción surge de lo que él denomina una “percepción de inmensidad”. Para el autor, esto podría provenir de momentos como admirar el Gran Cañón o presenciar un acto de bondad; es decir, cuando uno mismo se da cuenta de lo ínfimo que es frente a lo desconocido y a la vastedad.

En su libro Asombro: La nueva ciencia del asombro cotidiano y cómo puede transformar su vida, el autor estadounidense, sugirió que el asombro tiene enormes beneficios para la salud, como calmar el sistema nervioso y provocar la liberación la hormona del “amor”, la oxitocina, que fomenta la confianza y los lazos afectivos.
“Si abrimos nuestras mentes al asombro, se agudiza nuestro razonamiento y nos abrimos a grandes y nuevas ideas. A nivel físico, ralentiza nuestro ritmo cardíaco, profundiza la respiración y reduce la respuesta inflamatoria de nuestro sistema inmunológico y se fortalece nuestro cuerpo. Es el asombro el que activa nuestra inclinación a compartir y crear relaciones fuertes, a reducir la ansiedad y a realizar acciones para cuidar a la naturaleza y a la sociedad”, explicó el especialista.
Aprender a asombrarse
Según Keltner, uno de los tips es prestar atención a nuestro alrededor, pero también concentrarte en la “belleza moral” de las personas.
“Si nos fijamos en quienes nos rodean y están ‘dedicados a la bondad o a tener una vida familiar mejor que en la que se criaron o a ser buenos con sus vecinos’, podemos reforzar nuestro sentido del asombro”, concluyó Sharon Salzberg, destacada autora y profesora de atención plena.
Pero también un importante tip es elegir el camino desconocido, es decir, salir de la zona de confort, ya que el asombro nace de la novedad. Según Keltner esto se puede desarrollar a través de nuestras decisiones cotidianas, como ir a comer a un restaurante totalmente nuevo, escuchar música que jamás pensaste dejar entrar a través de tus tímpanos, entre otras cosas. Y tú, ¿qué más estás dispuesto a hacer para asombrarte?
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