Estudio arroja luces sobre la relación entre el acceso a las playas y el desarrollo socioemocional infantil
- Juan Diego Llamoca Zárate
- 14 ene
- 3 Min. de lectura
Un estudio en Perth, Australia, explora cómo los espacios azules (playas) influyen en la salud y el bienestar infantil, área poco explorada.
Según el reporte “Green and Blue Spaces and Mental Health” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los espacios azules son entornos naturales al aire libre que tienen agua como elemento principal (costas, ríos, piletas, mar abierto). Estos espacios pueden ser accesibles de distintas maneras: de forma física (como estar dentro, sobre o cerca del agua), o de manera virtual (como verla, escucharla o percibirla). FOTO: Hotel MÁNCORA
“Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola, se deslizó en la paz de una aldea lejana, entre el manso rumor con que muere una ola y el tañer doloroso de una vieja campana”, recuerda Abraham Valdelomar en su poema Tristitia. Fundador y director de la revista literaria Colónida, estos versos son la evidencia de que la relación entre la niñez y el mar es compleja.
Recientemente, un estudio publicado en la Journal of Environmental Psychology reveló que los niños que vivían más cerca de una playa en Perth (Australia) experimentaban mejoras en su desarrollo socioemocional, es decir, en la comprensión y el manejo de las propias emociones, el fortalecimiento de la empatía y el establecimiento de relaciones con los otros.
“Esto se debe a que la primera infancia es una etapa de rápido desarrollo cerebral, un período en el que el cerebro es altamente susceptible a influencias ambientales”, explica Phoebe George, miembro de The Kids Research Institute de la Universidad de Australia Occidental y autora de la investigación. “Las habilidades emocionales y sociales aprendidas durante los primeros cinco años de vida sientan las bases para la salud y el bienestar futuros.”
Playas y bienestar infantil: lo que se sabe y los desafíos de las investigaciones
De hecho, estudios previos realizados por psicólogos ambientales alrededor del mundo concluyeron que interactuar con los espacios azules podría contribuír a la formación de la identidad, la toma segura de riesgos y el comportamiento prosocial (que beneficia a los demás).
A pesar de que existan estas investigaciones, el número de estudios sigue siendo limitado. Además, las revisiones no han logrado establecer una conclusión clara sobre el tema debido a los diversos resultados que han arrojado.
Por ejemplo, un estudio reveló que los niños que pasaban más tiempo en áreas costeras tenían menos problemas emocionales. Sin embargo, otro halló que el porcentaje de agua cerca de la residencia de un niño estaba relacionado negativamente con su salud y calidad de vida. Además, un tercer estudio no encontró ninguna asociación entre los espacios azules del vecindario donde vivía el infante y su bienestar socioemocional.
“Es probable que esta confusión se deba a los diferentes métodos usados por los investigadores, así como por ciertos factores no considerados, como el nivel socioeconómico (NSE) de la zona”, indicaron Kevin Murray y Hayley Christian, autores del estudio e investigadores asociados a la School of Population and Global Health y The Kids Research Institute, respectivamente. “Esto es problemático, ya que los niños con mayor NSE pueden vivir en zonas con mejor acceso a áreas verdes y espacios azules, y considerarlos junto a otros infantes que no poseen esa oportunidad distorsiona los resultados.”
Cerca de la playa: los hallazgos y sus limitaciones
Tras ajustar el NSE, los hallazgos del estudio fueron reveladores. El desarrollo socioemocional de los niños mejoró a medida que sus casas se acercaban a la playa. Según el estudio, las formas en que los niños pueden beneficiarse de este entorno son diversas: desde la actividad física (como nadar o jugar en las olas), hasta la reducción del estrés (al reflexionar escuchando el sonido de las olas) y la oportunidad de asumir riesgos de manera segura (como saltar olas o deslizarse por las dunas de arena).
Sin embargo, los autores del estudio advierten que sus resultados podrían no aplicarse en contextos fuera de Australia debido a diferencias socioeconómicas y geográficas en el acceso a las playas. Además, factores como el clima mediterráneo de Perth y la cultura australiana podrían influir en los hallazgos.
“Hacer el esfuerzo por comprender cómo los espacios azules impactan en la salud y el desarrollo infantil podría asegurar que los niños tengan la oportunidad de beneficiarse de la exposición a entornos naturales al aire libre”, afirma Bryan Boruff, autor del estudio y miembro de la UWA School of Agriculture and Environment. “Nuestros hallazgos tienen implicaciones para la planificación urbana por parte de los tomadores de decisiones, especialmente en lo que respecta a la necesidad de mejorar el acceso a las playas y proteger los entornos naturales.”
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