La batalla contra el estrés crónico: un viaje hacia la salud mental | CRÓNICA
- Deborah Astengo
- 26 feb
- 3 Min. de lectura
El estrés crónico no solo afecta nuestro cuerpo, sino también nuestra mente.

Carolina tiene 30 años, es madre de dos hijos pequeños y trabaja en una empresa de marketing digital. Desde hace varios meses, ha sentido que el estrés le está pasando factura. Lo que comenzó como una respuesta natural a la carga diaria de trabajo y las responsabilidades familiares, pronto se convirtió en un enemigo imparable. Se despierta agotada, con dificultades para concentrarse en el trabajo y, lo más alarmante, ha comenzado a sentir un vacío emocional que le ha costado reconocer.
Para Carolina, lo que parecía un estrés manejable, pronto se convirtió en algo mucho más serio. El estrés crónico, un tema que había escuchado de manera superficial, comenzó a infiltrarse en su vida de manera silenciosa, afectando no solo su cuerpo, sino también su mente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), trastornos mentales como la ansiedad y la depresión, a los cuales Carolina se siente más cercana cada día, son problemas globales que afectan a más de 280 millones de personas, y el estrés crónico es una de sus causas más comunes.
El impacto del estrés crónico en su cerebro
Con la llegada de la ansiedad, la desconcentración y los dolores de cabeza, Carolina decidió investigar más sobre lo que le estaba sucediendo. En sus lecturas, descubrió que el estrés crónico activa de manera constante el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), lo que provoca la liberación continua de cortisol, la conocida "hormona del estrés". La psicóloga Shirley Gómez, experta en trastornos del estrés, explica que el exceso de cortisol afecta áreas del cerebro relacionadas con la memoria y la regulación emocional, como el hipocampo y la amígdala.
“Cuando el estrés persiste, se crea una predisposición biológica a los trastornos mentales, y lo que es más alarmante, el estrés crónico puede disminuir la neurogénesis, la formación de nuevas neuronas, lo que deteriora aún más las funciones cognitivas”, dice la psicóloga. Carolina comenzó a entender que no se trataba solo de estar sobrecargada, sino de un proceso que estaba afectando su cerebro, creando una espiral de agotamiento y ansiedad.
La fatiga mental que consume todo
Para Carolina, cada día se volvió más difícil salir de la cama. La fatiga constante, la dificultad para concentrarse en el trabajo y los problemas para dormir la hicieron sentir atrapada en un ciclo interminable. El impacto del estrés no solo afectó su salud física, sino que también comenzó a interrumpir sus relaciones interpersonales. Los momentos de interacción con su familia, especialmente con su pareja y amigos, se volvieron más escasos y tensos. La psicóloga Zulita Dioses, experta en salud mental, subraya que el estrés crónico puede hacer que las personas se sientan atrapadas en un círculo vicioso de agotamiento y ansiedad, lo que dificulta la búsqueda de ayuda.
Carolina lo vivió en carne propia: el simple hecho de reconocer que algo estaba mal se convirtió en un reto en sí mismo. Su mente estaba tan saturada de preocupaciones que no podía encontrar el tiempo ni la energía para buscar el apoyo que tanto necesitaba.
Sin embargo, un día Carolina decidió que era hora de cambiar. Reconocer que el estrés crónico no podía continuar controlando su vida fue el primer paso. Empezó a incorporar cambios pequeños pero significativos. La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar actividad física regular, meditar y mantener fuertes redes de apoyo social como formas de reducir el estrés.
Carolina, que antes pensaba que no tenía tiempo ni para respirar, comenzó a dedicar unos minutos al día a la meditación. También hizo un esfuerzo consciente por pedir ayuda a su pareja y amigos cuando se sentía abrumada. Por supuesto, la terapia psicológica fue clave para comprender las raíces del estrés y aprender herramientas efectivas para afrontarlo.
Un llamado a la acción para todos
Hoy, aunque el estrés todavía forma parte de su vida, Carolina siente que tiene más control. Ha aprendido que, en un mundo tan acelerado, cuidar la salud mental es una forma de autocuidado vital. El estrés crónico, que antes la desbordaba, ya no tiene el poder de consumirla. Con la ayuda de un profesional y estrategias de autocuidado, Carolina ahora camina con la certeza de que puede manejar las dificultades de la vida sin perder el rumbo.
En su historia, Carolina invita a todos a reflexionar sobre la importancia de reconocer los signos del estrés y a buscar la ayuda necesaria antes de que se convierta en un obstáculo mayor. El bienestar emocional y mental es fundamental para una vida equilibrada y saludable, y todos podemos aprender a cuidar de él con el tiempo adecuado y las herramientas correctas.
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