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La fuerza de la compasión: mi camino para sanar relaciones tóxicas | CRÓNICA

  • Foto del escritor: Deborah Astengo
    Deborah Astengo
  • 24 feb
  • 2 Min. de lectura
  • Aprender a cultivar la autocompasión y la empatía no solo mejora el bienestar personal, sino que también transforma las relaciones más desafiantes.

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    Foto: Freepik

    Hace unos años, viví en carne propia lo que significa estar atrapada en relaciones tóxicas. Había dinámicas llenas de críticas constantes, culpas y conflictos que parecían no tener fin. Por más que intentaba remediar las cosas, terminaba sintiéndome agotada, confundida y cuestionándome a mí misma. Fue entonces cuando descubrí la terapia de compasión, y mi perspectiva sobre las relaciones —y sobre mí misma— cambió por completo.


    Cuando empecé la terapia, mi psicóloga me explicó que no podía transformar mis relaciones sin antes aprender a tratarme con amabilidad. La autocompasión, me dijo, es el acto de reconocer que somos humanos, que cometemos errores y que eso no nos hace menos valiosos.


    Al principio, me pareció extraño e incluso incómodo. Kristin Neff, una de las pioneras en el estudio de la autocompasión, señala que muchas veces confundimos ser amables con nosotros mismos con justificar nuestros errores, pero no es así. Mi terapeuta me guió en ejercicios prácticos: escribir cartas donde me perdonaba a mí misma, reconocer mis emociones sin juzgarme y recordarme que estaba haciendo lo mejor que podía.


    Poco a poco, empecé a notar el impacto. Ya no me culpaba tanto por decisiones pasadas o por las dinámicas tóxicas que había permitido en mi vida. En lugar de hundirme en la vergüenza, aprendí a mirarme con ojos más amables, y esa nueva perspectiva comenzó a darme la fortaleza que necesitaba para enfrentar las relaciones difíciles.


    Una vez que empecé a ser más compasiva conmigo misma, surgió un cambio inesperado: empecé a observar a los demás con mayor empatía. Mi psicóloga Shirley Gomez, siempre me mencionaba que cuando entendemos que las acciones de los demás a menudo están influenciadas por sus propios miedos o inseguridades, podemos manejar los conflictos de manera más asertiva.


    Esto no significa justificar comportamientos dañinos, pero sí me permitió abordar las tensiones de otra manera. En lugar de reaccionar con enojo o entrar en discusiones interminables, opté por establecer límites claros y comunicarme desde un lugar más sereno. Fue un aprendizaje difícil, pero liberador. Algunas relaciones mejoraron, mientras que otras, simplemente, tuvieron que terminar.


    El poder transformador de la compasión


    Estudios como el publicado en Psychological Science han demostrado que la terapia de compasión no solo reduce el estrés, sino que también mejora la regulación emocional y fortalece las relaciones interpersonales. Lo viví en carne propia: el cambio empezó desde dentro, y eso impactó en todas las áreas de mi vida.


    Hoy, sigo practicando la autocompasión y la empatía. Sé que no puedo cambiar a los demás, pero puedo elegir cómo responder ante ellos y, sobre todo, cómo cuidarme. Sanar relaciones tóxicas no siempre significa repararlas, sino liberarlas de resentimientos y culpas. La compasión, descubrí, es una herramienta poderosa para reconectar con uno mismo y con los demás desde un lugar más auténtico y saludable.

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