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La obsesión por la belleza: el precio de la perfección en la sociedad actual

  • Foto del escritor: Redacción Qhali
    Redacción Qhali
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura
  • Cuando la belleza se convierte en obsesión, la autoestima y la salud mental pagan el precio.

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Foto: Freepik


En los últimos tiempos, el debate sobre la obsesión por la belleza ha cobrado fuerza en Perú, especialmente a raíz de la exposición mediática de personajes públicos que recurren a cirugías plásticas para intentar revertir el paso del tiempo o modificar rasgos étnicos. Según la psicoanalista Olga Montero Rose, este fenómeno refleja una lucha interna contra la idea de envejecer y los mandatos estéticos que impone la cultura.


Un informe de epicentro TV, citando la conversación en el programa El Perú en el Diván, la psicoanalista Montero Rose explica que la señal de alerta aparece cuando el deseo de cambiar la imagen ocupa todo nuestro tiempo y afecta la capacidad de disfrutar la vida o desarrollarnos profesionalmente.


Además, destaca que muchas de estas modificaciones responden a un problema más profundo de autoaceptación y racismo internalizado, donde ciertos rasgos físicos son menospreciados en favor de un ideal de belleza eurocentrista.

Una presión social y emocional


La obsesión por la belleza es un fenómeno que lo impregna todo en nuestras vidas, independientemente de cómo nos veamos a nosotros mismos. De hecho, incluso si estamos satisfechos con nuestra apariencia, esta fijación puede limitarnos y desgastar nuestro bienestar.


El motivo de esto es que tiene un componente social y otro emocional. Como fenómeno social, la estética influye en lo que consideramos atractivo, en lo que tiene éxito en la publicidad y en los estándares que predominan en las redes sociales. Como fenómeno emocional, impacta nuestra autoestima y nuestra manera de percibir a los demás.


En una era hiperconectada, donde la imagen juega un rol central, las redes sociales y la televisión han potenciado la presión por alcanzar un perfeccionismo físico muchas veces inalcanzable. La constante exposición a filtros, retoques digitales y figuras públicas con estándares irreales de belleza ha convertido esta obsesión en una especie de "parásito" que moldea nuestras metas y aspiraciones.

Un estudio realizado en la Northwestern University señala que la obsesión por la belleza puede considerarse una enfermedad social. La psicóloga Renee Engeln, directora del Body and Media Lab, ha investigado cómo esta presión afecta principalmente a las mujeres, llevándolas a compararse constantemente con modelos irreales y a invertir tiempo y dinero en modificar su imagen. Según sus hallazgos, el 82% de las adolescentes pasan gran parte de su tiempo comparando su cuerpo con el de celebridades, mientras que el 70% de las mujeres adultas afirma sentirse más valorada cuando logra parecerse a estos modelos mediáticos.


Un problema con consecuencias graves


Las mujeres que se obsesionan con la belleza son más propensas a desarrollar trastornos como ansiedad, depresión y desórdenes alimenticios. Además, muchas recurren a cirugías estéticas para intentar alcanzar estándares inalcanzables, lo que puede derivar en riesgos para la salud.


Otro dato alarmante es el tiempo y los recursos invertidos en esta búsqueda de perfección. En promedio, una mujer posee alrededor de 35 productos de belleza y puede dedicar hasta 50 minutos diarios solo para arreglarse antes de salir de casa. Esta diferencia se hace aún más notoria al compararla con el tiempo que los hombres dedican a la misma rutina, lo que evidencia un problema de desigualdad de género.


¿Cómo abordar esta problemática?


La solución no es sencilla, ya que la obsesión por la belleza es un problema cultural arraigado en nuestra sociedad. No se trata solo de cambiar hábitos individuales, sino de transformar la manera en que concebimos la estética y el valor personal. La educación y la concienciación social son claves para romper con estos mandatos y construir una visión más saludable de la imagen personal.


Es fundamental cuestionar los ideales de belleza impuestos, promover la diversidad y cambiar la conversación en torno a la apariencia. Dejar de medir nuestro valor en base a la imagen y priorizar el bienestar sobre la superficialidad es el primer paso para liberarnos de esta obsesión.



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