Más pérdida de biodiversidad, más riesgo de enfermarse
- Redacción Qhali
- 13 feb
- 4 Min. de lectura
Un nuevo estudio revela que la pérdida de biodiversidad se relaciona con el peligro de contraer infecciones, como la enfermedad de Lyme.

La intervención humana en el entorno tiene un impacto negativo tanto en la salud de los seres vivos, como en sí mismos. Por ejemplo, se sabe que la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera favorece mutaciones genéticas relacionadas con el cáncer de pulmón. Además, el aumento de las temperaturas globales contribuye a la expansión de enfermedades como el dengue.
Sin embargo, estas no son las únicas formas de daño al ambiente que pueden afectar la salud. De hecho, un estudio que analizó mil documentos científicos reveló que una de esas formas es la pérdida de biodiversidad. Los resultados mostraron que el deterioro de los ecosistemas no solo están relacionados con la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, sino que también aumenta su peligrosidad para las personas, los animales y las plantas.
La big data desenterrando relaciones: la pérdida de la biodiversidad y la salud
Para aterrizar en los resultados, un equipo de investigación formado por miembros de la Universidad de Notre Dame, la Universidad de Georgetown y otras instituciones estadounidenses, utilizó la gestión de la big data.

De un gran número de artículos científicos, se utilizó la gestión de la big data para buscar términos específicos como "parásito", "patógeno" o "enfermedad", y luego combinarlos con los cinco impulsores del cambio global.
De esta manera, encontraron que cuatro de estos impulsores estaban relacionados con un aumento en los riesgos de infección. Los hallazgos fueron aún más reveladores cuando se descubrió que tanto las enfermedades humanas como las no humanas seguían las mismas tendencias.
"El cambio ambiental podría aumentar las probabilidades de que los parásitos se propaguen de los animales a los seres humanos, elevando así el riesgo de una pandemia", afirmó Jason Rohr, biólogo de la Universidad de Notre Dame y coautor del estudio.
Específicamente, el impulsor "pérdida de biodiversidad", que forma parte de este grupo, está en línea con estudios previos sobre el efecto de dilución. Esta hipótesis, aún en discusión, sostiene que una mayor diversidad de seres vivos podría impedir la propagación de parásitos, lo que sugiere una fuerte relación entre la pérdida de biodiversidad y la salud.
Cuanto más zonas urbanas hayan, menor es el riesgo de enfermarse
Para determinar que el aumento de las zonas urbanas se relacionaba con un menor riesgo de enfermedades, los investigadores dividieron algunos de los impulsores del cambio global en diversas subcategorías. Por ejemplo, el cambio climático se desglosó en "temperaturas extremas", "temperaturas medias" y "precipitaciones", mientras que la transformación del hábitat incluyó categorías como "fragmentación de bosques" o "urbanización". Así, esta última categoría demostró que, a mayor urbanización, menor era el riesgo de contraer una enfermedad infecciosa.
Según el estudio, la razón detrás de esta relación radica en que las zonas urbanas cuentan con un mejor saneamiento público en comparación con las áreas rurales, además de tener una menor presencia de animales y plantas que pueden transmitir infecciones a los seres humanos. Entre estas especies se encuentran insectos transmisores del dengue o el zika, así como roedores que propagan la enfermedad de Lyme.
Cuando la urbanización también supone riesgos para la biodiversidad
Sin embargo, la urbanización también es capaz de generar riesgos para la biodiversidad. La contaminación, el ruido, el electromagnetismo, etc., son factores que alteran las migraciones y el establecimiento normal de algunas especies en los entornos naturales afectados por el desarrollo urbano.
En Lima, la capital del Perú, un ejemplo claro de esta problemática es la invasión de terrenos al interior de las lomas costeras, ecosistemas propios de las costas de Perú y Chile, que tienen la característica de ser estacionales. Durante el invierno, presentan una variada vegetación, a causa de la niebla que llega a las lomas, mientras que, en verano, la vegetación se reduce al punto de ser escasa. Según Juan del Castillo, presidente del Centro Peruano para la Resiliencia de Socioecosistemas Urbanos, desde el 2009 al 2020, las lomas de Villa María han perdido aproximadamente 605 hectáreas, una extensión similar a 864 campos de fútbol, lo que incluye la pérdida de especies animales y vegetales endémicas de la zona.
Los desafíos del futuro: ¿cómo abordar el problema?
Tras obtener los resultados, los autores reconocieron que, aunque existe abundante literatura científica sobre la relación entre los impulsores del cambio global y la salud, hay muy poca información sobre cómo mitigar los efectos negativos que produce. Por ello, debido a la falta de evidencias, es crucial que los esfuerzos de investigación se focalicen en estos puntos.
“Nuestro estudio sugiere que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la gestión de la salud de los ecosistemas, la prevención de invasiones abruptas de especies en un entorno natural y la conservación de la biodiversidad podrían ayudar a reducir la carga de enfermedades en plantas, animales y seres humanos, especialmente cuando se combinan con mejoras en los sistemas sociales y económicos de un país”, concluyó Rohr.
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