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Neurociencia del sueño: ¿cómo el descanso afecta tu estado de ánimo?

  • Foto del escritor: Deborah Astengo
    Deborah Astengo
  • 24 feb
  • 3 Min. de lectura
  • Dormir bien no solo recarga tu energía, también influye profundamente en cómo te sientes y reaccionas.

    Foto: Freepik
    Foto: Freepik


Nicole, una joven de 24 años, estudiante de derecho y con un entusiasmo incansable por sus estudios, siempre ha sido una persona muy comprometida. Desde pequeña, le inculcaron la importancia de trabajar arduamente y ser productiva, pero como buena estudiante universitaria, las largas noches de estudio y los horarios irregulares de sueño se hicieron parte de su rutina.


Sin embargo, con el paso del tiempo, comenzó a notar un patrón preocupante: sus emociones eran cada vez más inestables y las discusiones con amigos y familiares parecían surgir de la nada. A medida que se aproximaban los exámenes finales, los días sin dormir se acumulaban, y su mente parecía cada vez más errática. Fue entonces cuando un artículo sobre neurociencia del sueño cambió su perspectiva.


El impacto del sueño en el cerebro


El artículo hablaba sobre cómo la falta de sueño no solo agota físicamente, sino que también puede tener un impacto directo en el estado de ánimo y las emociones. Nicole, intrigada, comenzó a investigar más sobre el tema y descubrió que el cerebro, durante el sueño, realiza tareas vitales: consolida la memoria, elimina toxinas y restablece los niveles de neurotransmisores. La doctora Maricruz Bravo Ariza, una especialista en neuropsicología, explicaba que dormir menos de lo necesario altera la función de la amígdala, la región cerebral responsable de procesar las emociones. De acuerdo con sus estudios, una falta de sueño constante puede aumentar la irritabilidad y la ansiedad, justo lo que Nicole experimentaba últimamente.


El impacto de esta información fue inmediato. Al leer un estudio publicado en Nature Reviews Neuroscience, Nicole entendió que la falta de descanso afectaba la conexión entre su corteza prefrontal y la amígdala, lo que dificultaba el control emocional y explicaba por qué se sentía tan vulnerable a los altibajos emocionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también confirmó que la privación de sueño aumenta el riesgo de trastornos mentales como depresión y ansiedad, algo que Nicole decidió no ignorar.


Mejorando su bienestar a través del sueño


Nicole, que siempre había sido muy consciente de su salud mental, comenzó a incorporar algunos cambios en su rutina. Empezó a priorizar el descanso, estableciendo horarios regulares para dormir y despertar, lo que le permitió reducir sus niveles de estrés y mejorar su capacidad de concentración. Los consejos del Instituto Peruano de Neurociencias, que indicaban que un sueño reparador disminuye la hormona del estrés, el cortisol, resonaron profundamente con ella. Cada noche, al descansar más y mejor, sentía que sus emociones se estabilizaban. Los sentimientos de frustración y agotamiento emocional desaparecían y, en su lugar, experimentaba una mayor claridad mental.


Otro cambio importante fue en sus relaciones. Nicole descubrió que la falta de sueño no solo afectaba su estado de ánimo, sino también su capacidad de empatizar con los demás. Cuando descansaba lo suficiente, su capacidad para comprender y conectar con los sentimientos de sus amigos y familiares mejoraba considerablemente. Ya no era tan fácil irritarse o sentirse incomprendida. Al contrario, podía comunicar sus pensamientos de forma más efectiva y resolver malentendidos con calma y empatía.


Después de semanas de priorizar su descanso, Nicole comprendió que el sueño es mucho más que una necesidad física. Es esencial para el bienestar emocional y mental. Ya no veía dormir como una tarea secundaria o un lujo. Ahora, para ella, un buen descanso era la clave para mantener un equilibrio emocional y un estado de ánimo positivo, algo vital para afrontar la vida universitaria, los exámenes y las presiones cotidianas.


Con el tiempo, Nicole compartió su experiencia con sus compañeros de clase, alentándolos a no descuidar sus horas de sueño. Les explicó que la clave para tener un día productivo y emocionalmente equilibrado no era solo estudiar durante la noche, sino asegurarse de que su cuerpo y mente pudieran descansar lo suficiente. Como estudiante de derecho, entendió que la neurociencia del sueño no solo influía en su rendimiento académico, sino en su calidad de vida. Después de todo, ¿cómo podría defender a otros si no se defendía a sí misma priorizando su bienestar emocional y físico?


Al final, Nicole comprendió que no se trata de cuánto trabajas, sino de cómo cuidas tu salud mental y física. Dormir bien no es solo una necesidad biológica, es un componente esencial para vivir de manera plena.

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