Terapia Dialéctico-Conductual: una guía para transformar emociones y conductas
- Giancarlo Luna Victoria
- 7 feb
- 3 Min. de lectura
Una de las terapias que ha ganado mayor popularidad en los últimos años es la Terapia Dialéctico-Conductual. A continuación, haremos una revisión de su enfoque teórico.

Hoy en día, existen diversos enfoques terapéuticos. Entre los más conocidos se encuentran la Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia Sistémica, el Psicoanálisis y el Enfoque Humanista. Sin embargo, con el paso del tiempo, un nuevo enfoque ha crecido notablemente gracias a su gran efectividad: La Terapia Dialéctico-Conductual (TDC).
Esta terapia se utiliza actualmente en el tratamiento de pacientes caracterizados por una fuerte carga emocional y la falta de regulación de la misma.
El proceso terapéutico se centra en el reconocimiento y la aceptación de conductas autodestructivas, las cuales deben ser valoradas y aceptadas para poder trabajarlas adecuadamente. Pero, ¿qué se entiende por una conducta autodestructiva según este enfoque? Básicamente, es todo intento defensivo que surge cuando no se pueden manejar las emociones negativas.
Principalmente, la Terapia Dialéctico-Conductual se aplica de manera individual o grupal, pero en ambos casos la finalidad es la misma: ayudar al paciente a adaptarse a su entorno, controlar sus conductas negativas y reducir sus impulsos autodestructivos.
En síntesis, la TDC se centra, como su nombre indica, en tener un enfoque dialéctico, que en términos filosóficos significa reconocer que existen diferentes puntos de vista o paradojas alrededor de una idea. Confrontando estas ideas, se puede llegar a una conclusión más completa sobre la realidad. En este caso, se integran dos enfoques aparentemente opuestos: la aceptación y el cambio. Es decir, para mejorar, es necesario aceptar la realidad tal como es, mientras se trabaja en cambiar los comportamientos y pensamientos.
Ahora bien, ¿qué técnicas se aprenden en esta terapia? Los principales módulos de la Terapia Dialéctico-Conductual son: mindfulness, tolerancia al malestar (distress), regulación emocional y efectividad interpersonal. Todos estos módulos están centrados en la regulación emocional.
A continuación, veamos cada uno de estos módulos para entender en qué consisten realmente:
Mindfulness: Consiste en mantener la conciencia plena en el momento presente, experimentando todas las emociones y sensaciones corporales sin juzgarlas. Con la práctica, esta habilidad se vuelve más sencilla y puede utilizarse en momentos de gran tensión.
Regulación emocional: Este módulo implica una psicoeducación sobre las emociones, buscando su comprensión y regulación a través de habilidades como la resolución de problemas, la toma de decisiones contrarias a las tendencias emocionales y la práctica de estrategias para reducir la vulnerabilidad emocional.
Efectividad interpersonal: En este módulo, se busca establecer objetivos y acciones respecto a las relaciones interpersonales y el respeto propio. El objetivo es cambiar la evitación de experiencias interpersonales y, en su lugar, fomentar la interacción y el establecimiento de vínculos saludables.
Tolerancia al distress: Este módulo se centra en adquirir habilidades de supervivencia frente a crisis emocionales. Se fomenta la aceptación de situaciones que no se pueden cambiar y, en consecuencia, se busca reducir los comportamientos autodestructivos que surgen como una forma de evitación emocional.
En resumen, todos estos módulos tienen como objetivo mejorar el entendimiento de nuestras emociones, mientras aprendemos habilidades para regularlas de manera más efectiva. Así, si te encuentras en una situación donde te cuesta controlar tus emociones, vives en un entorno perjudicial o deseas mejorar tus interacciones con los demás, este enfoque psicoterapéutico podría ser adecuado para ti. Te ayudará a entender lo que sucede a nivel emocional y cognitivo, para que puedas adaptar tu comportamiento y alcanzar el desarrollo que buscas.
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