¿Y si bailamos? La vida, en su vaivén, nos invita a seguir el ritmo
- Lorena Said
- 10 mar
- 2 Min. de lectura
Reflexionamos sobre el baile y cómo influye en las emociones y el estado de ánimo.

A veces la vida nos presenta situaciones difíciles. Esas en las que parece que todo se derrumba: problemas con los amigos, discusiones con la pareja, fracasos laborales, y el mal día tras otro. Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de quedarnos atrapados en esas emociones, decidiéramos bailar?
Bailar no solo es un acto físico; es una forma de enfrentarse a los altibajos con una sonrisa, de no dejar que los problemas nos consuman. El ritmo de un buen baile es un recordatorio de que, aunque la vida siga su curso con sus altibajos, siempre podemos dar un paso a la derecha, otro a la izquierda y seguir el compás.
La danza, en su forma más sencilla, nos invita a dejar de preocuparnos por lo que no podemos controlar. Porque si lo pensamos bien, muchas veces lo que más nos agobia son las cosas que están fuera de nuestro alcance, las que nos sacan del paso que teníamos planeado. Pero si nos soltamos, si aceptamos que la vida tiene su propio ritmo, podemos aprender a fluir con ella.
"Si te peleas con tus amigos", piensa en bailar. "Si tu pareja no te quiere ver", baila. "Si en el trabajo todo va mal", mueve los pies al ritmo de lo que venga. Porque la vida no siempre será perfecta, pero mientras sigamos sonriendo, mientras sigamos moviéndonos, siempre habrá algo que nos mantenga en pie: el ritmo del presente, la capacidad de seguir adelante, aunque todo alrededor se tambalee.
Y es que, ¿qué puede salir mal cuando ya todo está fuera de lugar? Si lo único que nos queda es bailar, entonces que eso sea lo que haga la diferencia. No es cuestión de ignorar los problemas, sino de comprender que, al final, lo que importa es cómo decidimos reaccionar ante ellos.
Así que la invitación es clara: no dejes que el miedo te paralice, no dejes que el dolor te haga detenerte. La vida sigue y tú también deberías seguir. ¿Por qué no hacerlo bailando? Un paso tras otro, un vals a la derecha, otro a la izquierda, y el vaivén de la vida será solo una danza más en la que, aunque todo cambie, tú nunca dejas de bailar.
Y si, en algún momento, te encuentras en medio de una tormenta de problemas, ¿qué tal si en lugar de dejarte arrastrar por la corriente, decides bailar bajo la lluvia? Nadie te lo impide, y al final, aunque no cambie nada, te sentirás mejor.
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